* Casi 20 por ciento de jóvenes que probaron una droga son adictos
Por Liliana Juárez González
Antes de subir al escenario Víctor necesita un “pericazo” para prenderse y levantar la energía de los jóvenes que asisten a las tocadas de la empresa de actos y entretenimiento donde trabaja como animador.
Aunque dice que “sólo es para aguantar” Víctor lleva más de 10 años usando cocaína antes de cada evento que dirige, ya que inhalarla lo “desinhibe” y “prende” ante el público.
Sólo tenía 16 años y un mes de trabajar cuando sus compañeros le ofrecieron una “tacha” para ayudarle a que rindiera al ciento por ciento en los actos, sin embargo actualmente no “hay una tocada sin pasón”.
La psiquiatra Rosario Silva Alvarez explicó que las drogas afectan diversas partes del sistema nervioso, provocan distorsiones auditivas, visuales y en general sensoriales, así como alucinaciones, euforia, agresividad o levantan el ánimo de quienes las consumen.
La especialista del Hospital Psiquiátrico con Unidad de Medicina Familiar número 10 del IMSS expuso que el consumo excesivo de estupefacientes genera deterioro en la salud, en funciones vitales y el organismo de quienes las ingieren, incluso pueden causar la muerte.
En entrevista la psiquiatra del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) lamentó que sea a edades más tempranas en las que los jóvenes consuman drogas, sin conocer los daños que les provocan.
Precisó que entre 15 y 20 por ciento de los jóvenes entre 12 y 25 años que consumen o abusan de una droga, por curiosidad o para probar, llega a la dependencia, lo que coloca a las edades de 18 a 25 años entre las más afectadas.
Detalló que los efectos dependen del tipo de droga que se consuma. Por ejemplo los alucinógenos, como la marihuana, los hongos y la LSD, actúan en una parte del sistema nervioso (límbico) y provocan que se vean, escuchen y sientan cosas que no existen.
Otros, indicó, son los estimulantes que incluyen a la cocaína, el crack, el éxtasis, las “tachas”, las anfetaminas, entre otras, cuyos efectos van desde tener euforia, resistir actividades pesadas y prolongadas o levantar el ánimo hasta soportar un desgaste físico extremo.
Los inhalables, señaló, “son los más peligrosos y dañinos” pues son sustancias químicas que tienen otro fin, por lo que los daños son mayores. Estos incluyen a la gasolina, todo tipo de solventes y aerosoles, entre otros.
Mencionó que las drogas son dañinas y causan deterioros irreversibles a corto y largo plazos, como sordera, daños a nivel de la médula osea, afectación en capacidades mentales, funciones vitales y pueden llevar hasta la muerte.
Asimismo esas drogas provocan una pérdida de la funcionalidad social, laboral, escolar y en el trabajo del individuo.
El problema, comentó Silva Alvarez, es que aunque se sabe que son dañinas y legalmente están prohibidas están al acceso de todos los jóvenes en los lugares donde menos se pueden imaginar.
Los jóvenes, sobre todo adolescentes, pretenden ser aceptados y reconocidos por sus amigos o el grupo donde se desenvuelven, por lo que la presión social de consumirlas es bastante para entrar a determinados círculos sociales.
En ese sentido, la experta recomendó a los padres de familia estar atentos a cambios de conducta y estado de ánimo de sus hijos como apatía, desorientación, desgaste, insomnio, desnutrición, pues podrían ser focos rojos que indiquen que consumen drogas.
A su vez Jaime Quintanilla Bendek, director de Tratamiento y Rehabilitación de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), destacó que todas las drogas afectan a la gestación, y la más consumida en todo el mundo, incluido México, es la marihuana.
Esta, apuntó, expone a infecciones e incluso si se compara con el tabaco tiene cinco veces más carcinógenos y genera 25 veces más problemas a nivel bronquial, además sus consumidores desarrollan síndrome “amotivacional”.
También afecta la memoria, la reproducción, baja las hormonas en ambos sexos, ocasiona baja coordinación motora, depresión, ansiedad, y altas posibilidades de un infarto. En los jóvenes, afirmó, es común su consumo al igual que el de la cocaína y las metanfetaminas.
Quintanilla Bendek subrayó que muchas drogas aumentan la agresividad, mientras otras son adictivas y dañinas sobre todo las inhalables y las intravenosas ya que llegan más rápido al Sistema Nervioso Central teniendo un efecto más intenso y adictivo.
Los solventes, coincide, son los más dañinos pues disuelven la capa que cubre las neuronas (mielina) y provocan daños neurológicos severos. “Generan desde convulsiones, daño al sistema inmunológico, los pulmones, los riñones y el corazón, paros cardiacos y la muerte”, advirtió.
La cocaína, agregó, tiene un efecto de una a dos horas, el más intenso a la media hora. En cambio las “tachas” y metanfetaminas tienen una reacción a la media hora y se mantiene hasta 12 o 18 horas, de ahí que suelan ser usadas en bailes, antros y discos.
Añadió que consumir cocaína en esos lugares cerrados y calientes aumenta el pulso, la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal, lo que puede generar convulsiones o un paro cardiaco.
Para Quintanilla Bendek su consumo obedece a múltiples factores, desde la disponibilidad, es decir tener la posibilidad de consumir, “ver que es habitual”, hasta la curiosidad, la presión de grupo, presentar depresión, tensión o buscar algunos escapes.
Lo alarmante, reveló, es que pocos se dan cuenta que están inmersos en el problema, incluso muchos llegan a delinquir o bien a prostituirse para conseguirla.
“Se llega a tanta dependencia que aun cuando se someten a tratamientos es muy difícil que las dejen, pues se establece una dependencia química o física”, afirmó.
Por ello aseguró que es mejor no probarlas y si se hace retirarse pronto y atender el caso de una forma temprana, toda vez que se trata de enfermedades crónicas recurrentes. “Las controlas, pero puedes volver a caer”, concluyó.