La Ley de Voluntad Anticipada en el Distrito Federal no tiene razón de ser, consideró el director de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac, Oscar Martínez González.

En su intervención en el Seminario de Bioética para Periodistas, precisó que una normatividad que pretende decirle a los médicos qué hacer provocará que se crucen de brazos y no actúen.

Agregó que “no necesitamos de una ley” y en este sentido, puso como ejemplo el caso de los trasplantes de órganos. “En nuestra relación médico-paciente vemos si la familia tiene posibilidades o no de donar órganos. Si no existe, no logramos nada. No necesitamos una normatividad para ello”.

Mencionó que una persona que está agotada por una enfermedad puede hacer lo que quiera, y el Estado no tiene porqué intervenir. “Para qué queremos una ley para darle permiso, cuando de todas maneras en su ambiente familiar lo puede tener”, cuestionó.

Cualquier persona tiene incluso la facultad de firmar su alta voluntaria para salir del hospital en cualquier momento, si así lo desea. Aun cuando un doctor tiene la tarea de cuidar al enfermo, en el propio paciente y en su familia recaen las decisiones.

El experto reconoció que en situaciones extremas de salud no es fácil tomar decisiones, por lo que poner normas en una ley ayudará mucho. Es tarea del paciente, su familia y el médico determinar hasta dónde ofrecer atención y hasta dónde se llega al ensañamiento terapéutico.

“Estamos hablando en un terreno de arenas movedizas y no es fácil aclarar estos temas, de tal manera que se apliquen en todos los casos”, y por lo tanto, esta ley genera dudas que deben aclararse.

Martínez González advirtió que la Ley de Voluntad Anticipada puede ser el primer paso que abra la puerta a la legalización de la eutanasia, como ocurrió en Holanda.