Especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informaron que 12 por ciento de la atención psiquiátrica a los pacientes trata casos de estrés, situación que afecta más a las mujeres que a los hombres desde edades tempranas.

En conferencia de prensa, los médicos psiquiatras de la Unidad de Medicina Familiar número 10 del IMSS indicaron que la atención médica de la depresión y la ansiedad son los síntomas característicos de la respuesta emocional al estrés.

“Representa 12 por ciento de la demanda de consulta psiquiátrica en el IMSS, cuya población más vulnerable es la femenina; con una incidencia de dos mujeres por cada hombre, desde la etapa adolescente hasta la de adulto mayor”, precisaron los especialistas.

El doctor Jesús Ocampo Castañeda dijo que en una investigación con 102 pacientes psiquiátricos, se identificó que los problemas familiares son el principal detonante de estrés que desencadenan las alteraciones emocionales de los problemas psicosociales.

Los resultados corresponden a un estudio a derechohabientes de nueve Clínicas de Adscripción y en cuatro Hospitales Generales de Zona, con atención previa del médico familiar, 97 por ciento fue diagnosticado con depresión y 90 por ciento con ansiedad.

Por su parte, el doctor Miguel Angel Zamora Olvera reveló que estos fenómenos ocurren con frecuencia en los extremos de la vida, aunque también es evidente en personas que viven procesos de transición como el climaterio o personas recién jubiladas.

“En algunos casos este trastorno puede complicarse con adicciones como el alcoholismo, el consumo de drogas, el tabaquismo y conductas antisociales”, alertó el especialista.

El estrés forma parte del funcionamiento natural del organismo, se manifiesta a través de alteraciones del estado de ánimo con diferente intensidad, desde mantenernos en alerta, a la expectativa, tener irritabilidad y llegar a la depresión en grado extremo.

Sin embargo, dijo que los síntomas físicos pueden ser sudoración de manos, aumento de la frecuencia cardiaca, sensación de opresión en el pecho, temblor fino en extremidades y tensión muscular, entre otros, cuando ya afecta de más a un paciente.

Los riesgos para la salud emocional del paciente también pueden incidir en la física, como hipertensión arterial, angina de pecho, infartos, diabetes, disfunción digestiva, hiperlipidemia y alteraciones en el sistema inmunológico, precisó.